El Triángulo de la Salud
En todo sistema viviente, la Energía (E), la Inteligencia (I) y la Organización (O) constituyen tres pilares interdependientes que sostienen la salud. Juntos forman lo que podemos llamar el Triángulo de la Salud.
La salud se entiende como un triángulo porque ninguno de sus lados puede mantenerse sin los otros dos. La alteración de uno termina afectando al conjunto del sistema.
Desde este enfoque, la inteligencia del organismo (capacidad de adaptación, regulación e información biológica) permite generar organización funcional, lo que a su vez posibilita una producción adecuada de energía. Cuando este equilibrio se rompe, aparecen los procesos crónicos y degenerativos.
Por ello, el abordaje de las enfermedades autoinmunes y crónicas no debe centrarse únicamente en el síntoma, sino en restaurar el equilibrio de todas las aristas del sistema.
Adaptógenos y el Triángulo de la Salud
Adaptógenos:
Son sustancias naturales, principalmente de origen vegetal u hongos medicinales, que ayudan al organismo a adaptarse al estrés físico, químico y emocional, favoreciendo la homeostasis. No actúan de forma puntual, sino reguladora.
Dentro de este modelo, los adaptógenos pueden clasificarse según el área del sistema sobre la que ejercen mayor influencia:

🔺 Energía – Energocéuticos
Favorecen la producción y eficiencia energética celular, especialmente a nivel mitocondrial (ATP).
🔺 Inteligencia – Infocéuticos
Apoyan los sistemas de regulación genética, inmune y neuroendocrina, mejorando la capacidad adaptativa del organismo.
🔺 Organización – Organocéuticos
Contribuyen a mantener la estructura y función de órganos y tejidos específicos, favoreciendo procesos de reparación y equilibrio funcional.
Nota importante de rigor
Este modelo es integrativo y educativo, no sustituye diagnóstico ni tratamiento médico. Los adaptógenos no curan enfermedades, pero pueden ser herramientas complementarias para mejorar la resiliencia biológica y funcional del organismo.

